Soy de los que piensan que Mel Gibson es un cretino. Es un tío que no me cae bien y me jode. Me jode porque es una fotocopia de mi simpático tío. Me jode porque yo crecí con “Gallipoli” y la inmensa “Mad Max”, me reí con la divertida saga de “Arma Letal” y, más mayorcito, vibré con “Braveheart”. Me gustaría no conocer detalles de la vida privada de la gente que no me importa como persona, sino como artista. Pero en este país rosa no hay manera y tengo que esforzarme por no mezclar cosas que no deberían mezclarse nunca.
“La Pasión de Cristo” para mí, ateo natural para el que la Biblia es un fantástico libro de ficción, es un film de 2 horas sobre la tortura y sufrimiento de una persona y no me incitó a verla. Estuve a punto de ir al cine solo por conocerla de primera mano, pero soy un empático aprensivo de cojones y no soporto el gore, con lo que me quedé sin poder opinar sobre su película más polémica. Aunque por lo leído me pude una idea.
Tras ver “Apocalypto”, no sin pocas reticencias, vuelvo a sacarme el sobrero ante el señor Gibson. No la consideraré una obra maestra como el bueno de Red Stovall, pero si como una gran película de aventuras. Y es que con una historia sencilla, un poder visual impresionante y un ritmo narrativo perfecto, es de aquellas películas que te atrapan al principio y no te sueltan hasta el rato de haber acabado.
Es cierto que solo se muestra un aspecto del Pueblo Maya, es cierto que son un poco orcos (maldito Peter), es cierto que son malos malísimos, pero que bien caracterizados están y, a diferencia de lo esperado, no los demoniza gratuitamente. No olvidemos que los sacrificios rituales forman parte de la historia de casi todas las culturas. Hasta se podría leer cierta crítica sobre la religión y su manipulación ancestral sobre el pueblo.
Al principio de la película Mel Gibson nos presenta un pueblo cazador, primero mostrando el ritual de la caza, su estricto código de conducta, su espiritualidad, y acto seguido, con una magnifica escena divertida, nos lo rompe todo enseñándonos la parte más humana de ellos, porque al fin y al cabo, todos los humanos compartimos los mismos sentimientos. Y en solo veinte minutos ya consigue que pienses: “¡maldito bastardo, que bueno eres!”
En resumen, no la dejéis escapar. Estamos frente a una espectacular película de aventuras, sin el sucedáneo de Indiana Jones de turno, tremendamente bien hecha.